
Me ha costado, pero he decidido gritarlo en voz alta para mis adentros.
La vida es una y cada experiencia por más frugal que sea, si te llena de aliento, si te remueve hasta el último pelo teñido, vale la pena.
Comprendí que no importa cuánto tiempo dure; una hora, una tarde, un mes, un año, cualquier microsegundo de felicidad, de sentirse extasiado, en la luna, es mejor que el estoicismo, que el desasosiego ante la molestosa pregunta ¿qué hubiera sido?
He de confesar que no me seducen los “hubiera” odio esa sensación de incógnita, de tener que imaginarme a fuerza el tiempo después.Prefiero lanzarme, arriesgarme a vivir el hoy, darle rienda suelta a lo que siento al tiempo de sentirlo. ¿Y mañana?,ya veremos.

