
Cuando las cosas son como son la vida puede tornarse aburrida, etérea, oscilante y a hasta me arriesgaría a decir que demasiado real para unos simples mortales.
Fingir que sentimos más de que lo que, quizás solo imaginamos; decir no lo que pensamos, sino lo que el otro quiere oir, olvidarse de los pequeños detalles y su gran posibilidad de arruinarlo todo; pasarnos por alto la parte cuerda de nuestros pensamientos. Solo vivir, sentir, creer, tener fé, confiar. Sí, confiar, esa es la palabra clave de un posible éxito, inversomíl, tal vez, pero para los fines es suficiente.
Y es que esta historia recurrente me gusta, me gusta chocar con ese alud de emoción, y robándole una frase a Marel Alemany sentir el color de tu alma cuando llueve, me gusta saber que ríes solo porque estoy alegre, que tus ojos claros se pierden en un halo de gloria ante mí presencia.
Me gusta verte y sentirte cerca, aunque estoy segura de que si por un instante decido ser solo un poco mordaz, todo se reducirá a pezados.
En cambio ayer no, ayer solo que quería estar, no ser, ni pretender, anhelar o esperar, solo quería desconocer lo que conozco, obviar quién o cómo eres, borrar de mi mente (poque así me da la gana) los lazos que te unen a otras vidas, olvidar que son irreales las pretenciones de un futuro, creer que soy singular en tu vida solo porque me divierte o simplemente es porque estoy consciente de que no existe un diciembre en esta historia.
Que puedo decir, soy un simple ser que vive y respira, puedo permitirme creer una mentira...