A veces siento que he vivido más de mil años, que acuño más historias de las que pudiera imaginar. Otras veces me ataca la duda de si soy algo más, si existe una versión mejorada; porque busco entre mis recuerdos y no veo nada más que rastros de las constantes luchas por ser…
Ráfagas de una vida en construcción, despido de un destino ineludible, amasijo de irresoluciones, plúmbeo vaivén de emociones, nido de libertad, y codicias de vanidad. En eso se ha convertido parte de un ser, que se ha perdido en un halo de sueños y neblina al amanecer.
Siento que puedo sucumbir ante una carcajada, tal vez en un jaja de película antigua. Me seduce tanto la idea de dilapidar píxeles de alguna reminiscencia como la tentadora ilusión de perdurar la vida.
Hoy me gustaría estar en el otoño de la vida, ser tan ligera como las hojas de un árbol o simplemente sentarme en la terraza de casa y decirle adiós, sin que asome en mí el mínimo atisbo de soledad.
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