
Estoy estéril. Me levanto con el sol, y examino mi trillado camino interior. Vapuleó por unos minutos las teclas del ordenador, y me rindo. Estoy encerrada en mi pequeño universo, no siento más que las ganas de sentir, luego hay vacío, silencio, soledad, ansias.
Estoy sola conmigo misma. Me pregunto hacia dónde fue el malvado Carlos Ventresca, las ocurrencias del segundo rey de Israel, el coronel que no tiene quien le escriba, las mil y una noche, las tardes de sol, las noches de fiestas…
He de confesar que me siento como en la piel de un Hikikomori. De alguna manera apócrifa, pero ¿real?.
Me gustaría que mi balcón fuera la ventana de mi mundo otra vez, quiero sentarme en las tardes calurosas a ver la gente de mi barrio ir y venir. No los conocía, jamás intercambie una palabra con ninguno de ellos, pero eran parte de mi cotidianidad.
Me encargué de crearles una historia. Sabía quienes eran, cuando iban o venían del trabajo, cuando se peleaban, y cuando eran felices.
Pero en este presente no tengo balcón, no están mis inventados vecinos, y aunque estoy rodeada de tanta gente, me siento como en el medio del universo. Veo las luces de los faroles en todas las direcciones, escucho las pisadas fuertes de aquellos que saben a dónde van, y huelo el miedo de quienes, en medio de todo, no tienen nada.
5 comentarios:
Muy bueno......es bueno levantarse
Amiga!!!
No conocía esta faceta tan profunda de tí. Me gusta como escribes y piensas.
Un abrazo!!!
Gracias chicos, valoro mucho lo que piensan sobre mis post.
Publicar un comentario en la entrada